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Ibiza 1 - Patrimonio de la humanidad
La isla de Ibiza es uno de los 22 lugares del mundo cuyos bienes culturales y naturales están protegidos por la
UNESCO como patrimonio de la humanidad.
El comité de la
UNESCO
evalúa las candidaturas a patrimonio de la humanidad de acuerdo con una relación
de criterios, tanto para bienes de carácter natural como cultural, adoptados en la convención
del patrimonio mundial de 1972. El gran valor histórico y ecológico de los rincones más bellos
de la Pitiusa Mayor han merecido la distinción de este organismo internacional por unanimidad de las
delegaciones de los 21 países que forman parte del comité del patrimonio.
El mayor atractivo: Dalt Vila
Dalt Vila,
el recinto amurallado, es un exponente excepcional de la arquitectura militar del Renacimiento.
Construidas en época de Felipe II, las murallas fueron diseñadas en el siglo XVI por el ingeniero italiano Giovanni
Battista Calvi y posteriormente ampliadas por Jacobo Paleazzo. Ocupan 300.000 metros cuadrados y fueron
declaradas Monumento Nacional en 1946. Desde hace años, es el principal atractivo cultural de Ibiza.
Distintas civilizaciones han dejado su huella en este conjunto histórico, en el que encontramos la Almudaina, el Castell, la
catedral
y otros edificios de gran interés.
El poblado fenicio de
Sa Caleta y la necrópolis del
Puig des Molins
son testigos fieles de la importancia de la isla en la economía mediterránea,
especialmente durante el largo período fenicio-cartaginés.
La necrópolis, la mayor del mundo, tiene 50.000 metros cuadrados de superficie. Su mayor atractivo
son les 3.000 sepulturas púnicas en hipogeo. En el municipio de Sant Josep se encuentra sa Caleta,
un yacimiento de valor inigualable para conocer la distribución urbanística fenicia entre
los siglos VIII y VII antes de Cristo.
Pulmones del Mediterráneo
El valor de la Reserva Natural de
Ses Salines ha
mantenido gracias al uso de técnicas tradicionales en la explotación de la sal.
Las praderas de posidonia, una especie marina que sólo se encuentra
en la cuenca mediterránea, son de una riqueza biológica incomparable. Las praderas crean arrecifes
naturales que protegen la costa y posibilitan el mantenimiento de playas y dunas. Además, contribuyen a la
depuración de las aguas, por lo que son consideradas verdaderos pulmones del Mediterráneo. Por su
extensión y estado de conservación tienen una gran relevancia en el perímetro de ses Salines.
También destaca la zona húmeda de ses Feixes, una reliquia agrícola árabe,
y el paraje natural conocido como es Soto, pero la isla ofrece también al visitante bienes de gran
interés cultural, testigos de su larga historia.
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